No se vive de magia, se vive de trabajo – Entretenimiento – Cultura




A la hora de cobrar y especialmente el trabajo de diseño, quienes mandan a hacer algún tipo de producción piensan que sale en dos segundos, que no es necesario investigar, que la idea cae del dielo.

Para que un trabajo llegue a su fin, se “necesita componer espacios, crear conceptos, mezclar colores, elegir tipografías, transmitir emociones”, como dice Arutza Rico Onzaga, diseñadora gráfica, la invitada del blog Café Literario (http://blogs.eltiempo.com/cafeliterario) de este 14 de febrero en ELTIEMPO.COM.

Pero a la hora de pedir el pago por el trabajo, como agrega la diseñadora, vienen los problemas. Primero, porque como ratifica, en la universidad enseñan todos los conceptos, pero “no a cobrar”.

Y segundo, porque es muy común que el cliente diga frases como “¿Tanto por eso?” y ese “eso” tiene mucho de imaginación además, de saber llegar a quien se debe, de dar el mensaje indicado.

En el arte, en general, la idea de que todo es caro es un problema grave. Se cree que pensar y crear no valen, que todo brota de la tierra y no exige una planeación, un estudio, un tiempo y mucha energía.

“Desde el siglo XVIII nos han transmitido relatos, libros y películas que nos muestran que los artistas viven y se hacen más artistas si están en una buhardilla (entre más sucia y oscura mejor) alcoholizados, adictos, llenos de sufrimiento, miseria y soledad”, escribe la diseñadora.

En áreas como el teatro, por ejemplo, se piensa que un monólogo sale “muy barato”, porque como solo hay una persona en el escenario, sin sumar la escritura o adaptación de la obra, la producción, los ensayos, las luces, y  en la música, que una canción sale más económica si se hace con pocos instrumentos.

No, todo trabajo merece un pago justo. Si alguien escribe, canta, pinta, diseña, monta una obra de teatro, está creando, produciendo, construyendo.

Y esto también se aplica a las personas que arreglan la tubería, los computadores, los electrodomésticos. Todos tienen un saber que a los demás les falta y los demás tenemos la necesidad de que alguien que sabe nos haga, construya o arregle, y su pago debe ser justo.

Y en el caso del diseño, “cobrar por nuestro trabajo de una manera justa, consciente y coherente es importante para la salud financiera (y la salud en general) de nuestras vidas y las vidas de nuestros colegas. La inspiración, el duende, la gran magia, o cómo quieran llamarlo, llegarán con mayor alegría y mayor frecuencia si no estamos preocupados por pagar la cuenta de la luz que vence mañana”, agrega Rico Onzaga.



Fuente: (www.eltiempo.com)

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