Marcela Monroy: fallece la destacada abogada Marcela Monroy – Gente – Cultura




Como una mujer inteligente y de carácter, pero con una gran calidad humana, describieron amigos y personalidades del país a la abogada Marcela Monroy, fallecida este sábado en la Fundación Santa Fe de Bogotá.

Doctora en Derecho de la Universidad del Rosario y especializada en Derecho comercial, Monroy dejó un legado intelectual a lo largo de toda su carrera que se inició en las décadas de los setenta.

Monroy tuvo en sus manos procesos trascendentales en el área administrativa y arbitral y fue decana de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario de Bogotá.

En el 91 fue designada Magistrada de la Corte Constitucional, cargo que declinó, y también estuvo en ternas para la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, entre otros muchos cargos.

El expresidente Ernesto Samper, quien la conoció de cerca desde cuando la jurista estuvo casada con su segundo marido, el periodista Roberto Posada García-Peña (D’Artagnan), destacó su agudeza jurídica.

“Era una gran abogada, yo diría que era una de las cinco más importantes del país, y una persona amable. Aprecio mucho a su hija, Carmen Posada, que es un maravilloso ser humano. Tengo muy gratos recuerdos de ella personales y una admiración por su trabajo profesional”, recordó el expresidente.

El exmandatario destacó que Monroy traía en la sangre la pasión por el derecho, que heredó de su padre, un reconocido abogado de filiación conservadora del siglo pasado, que se desempeñó como Director del Centro de Estudios del Partido Conservador del “ala Alvarista”.

Uno de sus mejores amigos y socio, el abogado Joaquín Bernal, le contó a EL TIEMPO, precisamente, que uno de los rasgos que más le sorprendió de Marcela desde muy joven fue esa pasión por el derecho.

“Tan es así, que yo creo que fue la decana más joven de la Facultad de Jurisprudencia del Rosario. Allá realizó muchos cambios. Modernizó la facultad y se acercó mucho a los estudiantes”, anota el jurista.

En un perfil que le hizo este diario por esa época daba cuenta, justamente, de esa juventud. “Todos los días, muy de madrugada, se le veía entrar con sus lentes gruesos al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Se confundía entre los alumnos, hasta que cruzaba la puerta de la decanatura de la facultad de derecho”.

Bernal destacó también cómo Monroy siempre estuvo detrás del poder, por sus valiosos aportes jurídicos.

“Fue una mujer que en derecho siempre fue un referente, por su conocimiento, inteligencia y practicidad en el manejo de los temas. Estaba muy dedicada a tribunales de arbitramentos que tenían siempre resonancia para el país, en temas de infraestructura, normalmente en el sector público”, anota Bernal.

A la sombra del poder

Aunque recibió “coqueteos” siempre desde el poder, y varios presidentes le propusieron ministerios y cargos de alto nivel, Monroy prefirió mantener una distancia prudente.

“A ella siempre la tuvieron en los sonajeros los expresidente Pastrana, Santos o Uribe, como un referente ya fuera para ser magistrada de las cortes, ya sea para ministra, porque era una mujer que la tenía muy presente el sector público, pero nunca quiso aceptar”, comenta su socio y amigo.

En especial, porque también fue una gran defensora de su vida privada y familiar. Se caso por tercera vez con Mauricio González, expresidente de la Corte Constitucional, con quien tuvo a su segundo hijo Vicente.

Luego de divorciarse, se mantuvo rodeada de sus amigos cercanos y de su actual compañero de vida Fernando Salazar.

Sus amigos la recuerdan como una gran contertulia, con la que se podía hablar de diversos temas jurídicos, de la actualidad del país y menos serios durante horas.

“Era una mujer de mucho carácter, que fijaba su posición por encima de todo. Los amigos la quisimos mucho, pero como buena litigante, cuando ella manejaba un proceso lo defendía hasta la muerte y obviamente le generó, como toda persona que no pasa desapercibida en el mundo, simpatías y fricciones”, comenta Bernal.

En un perfil que este diario le hizo en 1990, cuando Monroy, de 35 años, desarrolló un activo papel para promover la Constituyente de 1991, y que le valió el apelativo de ‘Mama Papeleta’, se recordaron otra de sus pasiones.

“Con los jóvenes cultivó la séptima papeleta. Esa que con el tiempo fue suscitando expectativas paralelas en otras universidades”, recordó entonces este diario.

En la música, amó a Serrat, la samba brasileña y los clásicos pop del tipo Simon and Garfunkel, Cat Stevens, Neil Diamond y, por supuesto, Los Beatles.

En la literatura, la jurista tuvo especial debilidad por las novelas de Dickens y Balzac, y claro, en el campo gastronómico, pasión que compartió mucho con su segundo marido D’Artagnan –sibarita y apasionado por el tema- la debilidad por el queso roquefort.

Además, fue promotora de la marcha estudiantil que se realizó después de la muerte de Luis Carlos Galán. En el año 2000, una vez más, el expresidente Andrés Pastrana también quiso incluirla la elección del Defensor del Pueblo. La terna del expresidente la integraron Eduardo Cifuentes (quién fue elegido), Patricia Murcia y Marcela Monroy.

“En resumen, el inventario que ella deja es un gran cariño de la comunidad jurídica, principalmente, y política también. Como amiga y miembro de familia una persona excelente”, finaliza su amigo Joaquín Bernal.

El mundo del derecho y quienes la conocieron le rinden un homenaje a la doctora Monroy y extienden su sentido pésame a su familia y a quienes la acompañaron en estas duras semanas después de haber sido internada por cuenta de la pandemia.

CULTURA – EL TIEMPO



Fuente: (www.eltiempo.com)

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